Cinema Pato

 

Conozco pocas personas a quienes el cine les resulte indiferente o a los que de plano no les guste ver películas. Para mí, ver una buena película resulta una experiencia vital muy gratificante, solo superada por algunas otras experiencias vitales (que no detallaré), entre las que se encuentran escuchar a mi abuela María contar una película: la versión de mi abuela puede durar treinta o cuarenta minutos más que la película original, con todo tipo de referencias sobre los actores, comentarios divertidísimos sobre las circunstancias en que vio la película o sobre algunos aspectos de la trama. Al parecer, yo que de mi abuela heredé en buena medida el sentido del humor con el que me gano la vida, también heredé de ella la afición por contar películas, cosa que no hago con mucha frecuencia pero que mi esposa aprovecha durante los viajes largos en carretera para ponerse al tanto de aquellas películas que no quiso ver en su momento por ser demasiado violentas o terroríficas. En fin, para no hacerles el cuento largo, procederé a comentar brevemente con ustedes algunas películas que me gustan…

 

The Big Lebowsky (Identidad peligrosa, en español, aunque usted no lo crea.)

Ver esta película de los hermanos Cohen es para Aída (mi esposa) y para mí como visitar a unos viejos y queridos amigos. La descubrimos hace algunos años, y desde entonces la hemos visto muchísimas veces. Todo empieza cuando a un bueno para nada sensacional llamado Jeffrey Lebowsky (the Dude para los cuates, interpretado por Jeff Bridges), le orinan y echan a perder su alfombra favorita, que a decir de sus igualmente inútiles amigos del boliche, Walter Lobchak (John Goodman) y Donny (Steve Buscemi), de verdad armonizaba su habitación. El Dude se ve envuelto en una complicada trama, tratando de encontrar a Bunny, la joven y atrevida esposa de su tocayo, el gran Lebowsky del título, que al parecer ha sido secuestrada por un grupo de nihilistas- techno punks, liderados por un ex actor de cine porno. Cuando Peter, nuestro hermano norteamericano exiliado en México, visitó por primera vez nuestro hogar, quedó impactado por el inglés de carretonero que Aída aprendió, a fuerzas de ver una y otra vez esta delirante comedia, con el Dude, Walter y Donny.      

 

Cinema Paradiso

Sobre esta película no habría mucho que decir, pues todo el mundo la conoce, si no fuera porque recientemente apareció la versión original de la película en DVD, que dura como una hora más que la que todos vimos en el cine, y que tiene un final completamente distinto. Hace uno o dos años compré en DVD la película, y al llegar a los créditos, Aída notó algunas escenas que no aparecían en la película y en donde se veía una mujer madura muy parecida a Elena, el amor de Salvatore, apuntando a un totalmente inesperado, y hasta ese momento inexistente, reencuentro de la pareja. Me fue encomendada la tarea de investigar el extraño suceso, y poco tiempo después (unas horas, en realidad) me encontré en Internet con la existencia de una nueva versión, misma que fue adquirida por un servidor en un viaje siguiente a los Estados Unidos, y que fue presentada orgullosamente (eso si, sin subtítulos al español) en el hogar a la solicitante. El orgullo de la misión cumplida, sin embargo, dio paso a la humillación cuando, pocos días más tarde mi cuñado nos informó que él había conseguido la misma película, con subtítulos en español, en México y más barata que la que yo compré en el vecino país del norte.

 

 

 The Big Fish (El Gran Pez)

Tim Burton es uno de mis directores favoritos, pero por alguna extraña razón cuando exhibieron El Gran Pez ni la pelé; tampoco la renté ni la compré en DVD cuando hubo oportunidad. Cierto día, como una extrañísima excepción a la regla no escrita que obliga a las líneas de autobuses a exhibir las peores películas jamás filmadas para torturar a sus pasajeros cautivos, nos la pasaron en el ADO con destino a Xalapa. El impacto que tuvo en mi fue tan brutal, que me bajé del autobús viendo al suelo para no ponerme a llorar como un bebé (alcancé a darme cuenta de que otros pasajeros también estaban conmocionados) y me fui caminado varias cuadras hasta la oficina de mi esposa, tratando de recomponerme. Además de perder mi teléfono celular en el camión, gracias a esta película entendí y revaloré muchos aspectos de la personalidad de mi padre y de sus hermanos (grandes peces texcocanos y extraordinarios contadores de historias), mi actividad profesional tomó nuevos derroteros y mi apetito insaciable por escuchar y coleccionar historias de mis amigos y familiares cobró un nuevo sentido. 

 

Hanah y sus hermanas

Otra película que he visto docenas de veces. Pertenezco al núcleo duro de fans de Woody Allen, he visto casi todas sus películas y he disfrutado hasta las más malas y prescindibles. Las que más me gustan y las que he visto más veces son Crimes and misdemeanors (Crímenes y pecados), Sweet and Lowdown (el gran amante) y Hanah y sus hermanas. Aún recuerdo la primera vez que la vi, en la Casa de la Cultura de Puebla, y la caminata posterior hasta mi morada (un cuartito que alquilaba con todo y alimentos por la módica cantidad de ochocientos viejos pesos mensuales), silbando bewitched, bothered and bewildered y recordando a Michael Kane, enamorado de la hermana de su mujer, leyendo unos versos de Elliot que iban perfectos para mí en esa noche lluviosa y fría: nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas. Esa película me inspiró a escribir una historia que publiqué aquí hace años, Birria y Tequila para el alma (que pueden leer en el sitio de Internet www.losmiserables.com).  

 

Biloxi Blues (¡Los apuros de un recluta!)

Una película de Mike Nichols, basada en una obra de teatro de Neil Simon, y situada en el hoy arrasado poblado de Biloxi, Missisipi. Con Christopher Walken y Mathieu Broderick, esta película la vi no menos de diez veces en el sistema de cable de un amigo (más o menos) en Los Ángeles California, luego de haberme torcido el tobillo brutalmente jugando basquetbol, de ser abandonado a mi suerte por mi amigo (más o menos) y de quedarme atorado en su casa sin poder escapar mientras él y su esposa (más o menos, porque se estaban divorciando) se hacían pedazos. La película, sin embargo, me trae muy buenos recuerdos por la misma razón que Eugene Jerome, el protagonista, dice recordar con gratitud el miserable tiempo que pasó en el ejército preparándose para partir a combatir japoneses en la segunda guerra mundial: al mirar atrás, ahora, muchos años después, me doy cuenta de que mi tiempo en el ejército fue el tiempo más feliz de mi vida. Dios sabe que no era porque me gustara el ejército y desde luego que no había nada de  que pudiera a alguien gustarle de la guerra. Me gusta por la razón más egoísta de todas, porque era joven.