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Cómo tener seguridad y no morir en el intento
Día con día atestiguamos cómo nuestro país se transforma en una versión amarillista del semanario Alarma, y con alarma, precisamente, nos preguntamos qué hacer para lograr un México Seguro de a de veras. Estas son algunas sugerencias y consideraciones…
La disputa entre las organizaciones de narcotraficantes por las rutas de la droga y los sitios estratégicos de producción y distribución, se ha salido por completo de control y amenaza con involucrarnos a todos los que no tenemos ni vela en el entierro, pero que pronto podríamos tener entierro. No es tiempo ya para tratar de solucionar la mega conflagración que tiene lugar en nuestras ciudades con algunos operativos de relumbrón y algunos retenes, sino de tomar medidas drásticas y realistas: lo único que nos queda es pedir ayuda a la ONU, solicitar que envíen contingentes de cascos azules a la frontera, y con la mediación Koffi Anan y de Jimmy Carter iniciar una mesa de diálogo entre todos los cárteles involucrados. Con buena voluntad de todas las partes y una justa distribución de rutas, puestos fronterizos y sembradíos, el conflicto podría resolverse en menos de quince minutos.
Administraciones van y administraciones vienen, corporaciones policíacas aparecen y desaparecen, procuradores llegan y se van, pero el crimen continúa y la delincuencia organizada crece y cada vez se organiza mejor. Por lo tanto, debemos concluir que este flagelo no va a terminar nunca, y que no solo debemos acostumbrarnos a vivir con él sino que, en el mejor de los casos, debemos de tratar de aplicar los conceptos neoliberales que hemos aprendido en estos años y, tomando en cuenta de que en este ramo (el de la delincuencia, no el del neoliberalismo) sí que somos competitivos, tenemos ventajas comparativas y altos niveles de productividad y eficiencia, nos avoquemos entonces a sacarle una lana a la situación. Para como están las cosas en el mundo, nadie tiene porque asustarse si innovamos con una agresiva campaña internacional de promoción del turismo delictivo; así, los amantes del riesgo y de la adrenalina podrían visitarnos para conocer las rutas del narco, ser testigos de un auténtico asalto en un cajero automático, protagonizar un secuestro Express (como víctimas o victimarios, a gusto del cliente) hospedándose en auténticas casas de seguridad (como usted las vio en TV) con todos los servicios. Además, a todo mundo le gusta que su trabajo sea reconocido y considerado valioso, de modo que, si en vez de combatir a los delincuentes y tratarlos como basura, les otorgamos el relevante papel de generadores de divisas e impulsores del desarrollo, seguramente cooperarán con gusto en esta cruzada por el orgullo patrio, dando un trato digno, cordial y respetuoso a los visitantes
Y aunque la cosa aparenta ir de mal en peor, la realidad es que los datos duros reflejan es un futuro bastante alentador en materia de seguridad, para nosotros, y muy preocupante para otros que, curiosamente, son los que más nos critican y más se quejan por nuestra condición presente. Los estudios más serios sobre la genealogía del crimen han demostrado una clara relación entre pobreza y delincuencia; esto es, la mayoría de los delincuentes (los de la nota roja, no los de cuello blanco) provienen de los sectores menos favorecidos de la sociedad, tienen bajísimos niveles de escolaridad y carecen de opciones de empelo y desarrollo. Al mismo tiempo, los estudios más serios sobre el fenómeno migratorio de nuestros compatriotas hacia los Estados Unidos concluyen que, en la gran mayoría de los casos, quienes emigran en busca del sueño americano son aquellos que provienen de los sectores menos favorecidos de la sociedad, tienen bajísimos niveles de escolaridad y carecen de opciones de empelo y desarrollo. ¡O sea, quienes se están yendo del país son básicamente puros criminales en potencia! Curiosamente, los mencionados estudios y estadísticas nos indican que quienes también están emigrando a los Estados Unidos, por miedo, son los más favorecidos, que han sido víctimas o que son potenciales víctimas de los delincuentes. Esto es, de continuar las actuales tendencias migratorias, tanto víctimas como victimarios se habrán mudado en su totalidad al vecino país, por lo que nosotros nos habremos librado de un problema, ellos tendrán que resolverlo cuando los malosos empiecen a hacer de las suyas nuevamente, y a nuestras autoridades les corresponderá tan solo quejarse por los niveles de violencia e inseguridad al otro lado de la frontera.
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