De la enchilada completa al Taco Bell (pasando por los negros que no quieren trabajar).

Cuando la administración del presidente Fox era aún feliz e indocumentada, el entonces canciller ciudadano Jorge Castañeda se ufanaba de su esfuerzo por obtener de los Estados Unidos the whole enchilada (o enchilada completa, en traducción simultánea para todos aquellos que no dominan el idioma de Shakespeare), representando en este caso el platillo típico mexicano a un acuerdo migratorio en toda forma con nuestros socios comerciales y vecinos del norte. Hace unos pocos meses, sin embargo, cuando al canciller Derbez se le cuestionó sobre si aún era posible para nuestro país obtener el mencionado antojito, él, con la simpatía y agilidad mental que lo caracteriza, respondió no estar a la búsqueda de ninguna enchilada sino más bien de un Taco Bell (Nota: Taco Bell no es la Organización de Estados Americanos, sino una franquicia de restoranes de los Estados Unidos que se especializa en vender algo que remotamente se parece a un taco). En un principio muchos tomamos a broma la declaración del buenhumorado secretario, pero ante los últimos acontecimientos en la frontera norte yo me pregunto si el canciller no habría estado hablando en serio. ¿Qué quiso decir con eso del taco Bell? ¿Nos estarán dado los gringos nuestra whole enchilada y ni cuenta nos hemos dado? Buscamos afanosamente al secretario para que nos respondiera esas preguntas, pero ante la imposibilidad de dialogar con él (nos enteramos de buena fuente que ahora está ocupado buscando la presidencia de la Organización de Clubes de Futbol Llanero de Pachuca) procedemos a elaborar las siguientes especulaciones descabelladas.

El muro de la tortilla

El Taco Bell solicitado por nuestro gobierno empieza a ser una realidad con la construcción del llamado muro de la tortilla entre las fronteras de la baja y alta californias, lo que nos parece un encomiable y enternecedor esfuerzo de nuestros vecinos por tirar sus dólares a la basura. Tratar de detener el flujo de trabajadores indocumentados (dispuestos a hacer trabajos que ni los negros quieren hacer) con barditas o bardotas es como tratar de detener la corriente de un río crecido después de un temporal con alambre de púas; quiero pensar que los senadores del partido republicano están conscientes de que ni construyendo un muro desde Tijuana a Nuevo Laredo lograrían contener a los migrantes, y que proponen dichas medidas por desesperación y por no tener de otra, pues sentarse a observar cómo los mexicanos recuperamos nuestros territorios no debe de ser una opción muy atractiva para sus votantes. Antes de embarcarse en tan riesgosa tarea, los norteamericanos deberían de recordar que cada kilómetro de barda que construyan será correspondido con un kilómetro de túneles por los que cruzarán, como las hormigas en busca del alimento, los miserables en busca de un mejor futuro.

El proyecto Minuteman

¿Por qué el proyecto de los rancheros que buscan detener ilegales en la frontera se llama como se llama? Traduciendo literalmente, Minute Man Project quiere decir Proyecto Hombre Minuto; esto no tiene ningún sentido, a menos de que apliquemos las técnicas de ingles dinámico transmitidas por el gran Madaleno, y analicemos el nombre de la organización racista de otra manera:

Mi: Forma en que se pronuncia en inglés la palabra me, que quiere decir yo.
Nut: Loco, chiflado.
Man: Hombre.
Pr: Pinche racista.
Oject: Mala onda.
Minute Man Project. Yo soy un pinche hombre loco racista y mala onda.

Queda de esta forma muy claro para todos nuestros compatriotas que buscan probar fortuna cruzando la frontera, que los integrantes del autodenominado Minute Man Project no son de fiar. Cuando los vean, corran y cuéntenselo a quien más confianza le tengan.

Licencia de conducir y licencia para matar.

La doble o triple moral de los gabachos es un fenómeno que siempre me ha intrigado. Por un lado, los güeros (y las güeras) son los amos del reventón, del spring break, de la pornografía y del despiporre sexual, y por otro son los más puritanos y espantados, capaces de desperdiciar meses o años de sus vidas discutiendo si su presidente se pasó o no por las armas a una becaria (o si la utilización de un habano como juguete sexual puede ser considerado una variante del sexo oral). Nosotros los mexicanos, en cambio, que somos (de acuerdo a las encuestas) mochos, conservadores, espantados, reprimidos, culposos y persinados, nunca hemos hecho un escándalo por el hecho de que un presidente de la república le ande dando vuelo a la hilacha (y eso que hemos tenido a verdaderos garañones aztecas ocupando la primera magistratura). Algo similar pasa con el asunto de los migrantes y los caza migrantes: los ciudadanos norteamericanos viven con el Jesús en la boca ante la posibilidad de que los trabajadores indocumentados posean licencias para conducir vehículos, pero no se inmutan ante la existencia de grupos de civiles armados y con licencia para matar patrullando sus territorios. ¡Parajodas de la indiosincracia, digo yo!

Governeitor vs Agacheitor

Las siguientes líneas las escribí, asombrado, cuando Arnold ganó la gubernatura de California:
Cuando todos pensábamos que los Estados Unidos habían llegado a su punto más bajo al aceptar a George Bush jr como su presidente, nos volvieron a sorprender y a demostrar que están en caída libre y que no tienen para cuando tocar fondo. Con la elección de Arnold Schwarzenegger como gobernador de California, los estadounidenses reafirman que, mientras se tengan a si mismos, no hacen falta Osamas ni Sadames para destruir su imperio.

Y estas otras líneas las escribo ahora:
Cuando todos pensábamos que los gobiernos mexicanos habían llegado al punto máximo de abyección y sumisión ante el gobierno de los Estados Unidos con Salinas y Zedillo, nos sorprendimos al constatar en el gobierno de Fox que ambas actitudes tienen insospechados niveles de profundidad. Y cuando todos pensábamos que con los priístas lo habíamos visto todo, no sabíamos que los panistas son capaces de cosas que ni los priístas quieren hacer.