Digitalicemos a los diputados y senadores

 

En un ejercicio democrático digno de nuestras mejores épocas antidemocráticas, los diputados primero y los senadores después procedieron a decretar la modernización de las telecomunicaciones vía fast track, y en un alarde de congruencia con los objetivos de la ley propuesta, las mayorías silentes alzaron el dedo en el momento preciso, queriendo de sea forma demostrar que dichos legisladores ya estaban digitalizados desdendenantes. Para nadie es un secreto que nuestros representantes populares no representan a nadie y que no son populares, y todos sabemos que el dineral que gastamos en mantenerlos sería mejor utilizado si lo destináramos a cualquier otro rubro del presupuesto. Sin embargo, como no podemos deshacernos de todos ellos sin que el FMI y Washington nos retiren la palabra y nos corten las líneas de crédito, pienso que debemos como nación recurrir a la imaginación para modernizar nuestra vida democrática, aprovechando los adelantos de la ciencia y la tecnología para hacerla más eficiente, productiva y rentable, dar un firme paso para nuestro desarrollo y aportar algo innovador a otras naciones del orbe que tienen, como nosotros, una democracia tan efectiva como la carabina de Ambrosio. Estas son algunas propuestas.

 

Diputados y senadores transgénicos

 

Con el dinero que gastamos anualmente en las dietas y prebendas de los setecientos y pico de diputados y senadores (más los amigos y parientes que cada uno mete a las comisiones para que gocen de las mieles del erario), bien podríamos contratar a una de esas empresas extranjeras de biotecnología de punta, como la que acaba de crear al cochinito colesterol free,  para que fabriquen un prototipo de legislador transgénico de alta resistencia, durabilidad, economía y hasta inteligencia. Podríamos facilitarles los restos de Benito Juárez, Belisario Domínguez, Rosario Castellanos, Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz, Pancho Villa, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas (estoy seguro de que los panistas propondrán una lista de personalidades un poco distinta a esta) para que extraigan el ADN que necesiten, hagan la combinación cromosómica necesaria y nos provean de una criatura que esté a la altura de nuestras necesidades (es más, de nuestros sueños).  

 

Congresistas virtuales

 

Otra opción modernizadora sería la de mandar a su casa a todos los bultos que ahora ocupan innecesariamente las curules de ambas cámaras, reconvertir ambos edificios legislativos en zonas de cultivo, bibliotecas públicas o canchas deportivas, y crear un sitio de Internet con legisladores virtuales. Como en términos de costos daría lo mismo el número de diputados y senadores cibernéticos, podríamos llegar a tener un representante popular por habitante, y así, en cada votación podríamos participar directamente TODOS los mexicanos y mexicanas interesados con solo accesar (ya sé que se dice acceder, pero fui avasallado por el ímpetu modernizador de este texto) al sitio designado y hacer un clic en el botón del si o del no. Y para hacer esta democracia virtual una realidad, solo tendríamos que invertir una milésima parte de lo que ahora gastamos en el remedo de parlamento que tenemos para dotar de terminales de Internet de banda ancha a todas las comunidades del país.    

 

Representantes populares digitales

Actualmente, nuestro modelo de representante popular es obsoleto, casi dinosáurico, y completamente analógico (aunque sí funcionan con una especie de código binario digital: ¿levanto el dedo o no levanto el dedo?). Una opción barata y rápida para digitalizarlos sería: uno, deshacernos de ellos, y dos, transformar las curules en modernísimas terminales de cómputo, dotadas de dedos robóticos de última generación, capaces de procesar la información de los temas a tratar y de votar a favor de los intereses nacionales. Estarán de acuerdo que cualquier computador de cualquier modelo y de cualquier marca, cargado con Windows 95 y 12 megas de memoria ram tiene más capacidad de procesamiento de datos que cualquiera de nuestros diputados y senadores.

 

Congresistas triple A

 

Por último, y aprovechando que el poder real en este país lo ejercen las dos televisoras que todos conocemos y padecemos, podrían éstas asumir su responsabilidad con la nación programando un show en horario estelar que podría llamarse algo así como El privilegio de votar, en donde, entre chascarrillo y chascarrillo, se plantearían los temas de la agenda legislativa, misma que desahogaríamos todos los televidentes llamando a los teléfonos que aparezcan en pantalla, con la oportunidad de ganarnos una camioneta o una lujosa residencia amueblada. Que es mucho más, por cierto, de lo que ganamos ahora con nuestro congreso antediluviano.