El sexenio se me hizo chiquito

El miércoles pasado, en el Centro Cultural San Ángel de La Ciudad de México fue presentado en sociedad el libro autodenominado “El sexenio se me hizo chiquito”, de El Fisgón, Hernández y Helguera (adquiéralo en su librería o tienda de autoservicio favorita). Y esto fue lo que su seguro servidor dijo durante ese evento:

Recientemente, en las páginas de la prestigiada revista Entrepierner fueron publicados los resultados de un estudio científico muy revelador. En los laboratorios de la Universidad Nacho Calderón de Zapopan, se estudiaron muestras de ADN de ocho mil cuatrocientos individuos nacidos en México, entre los sexenios de Miguel Alemán y Ernesto Zedillo. Los investigadores, que patrocinados por el nuevo dueño del equipo Guadalajara buscaban originalmente el gen que determina la preferencia futbolística de los mexicanos (con el evidente objetivo de su futura manipulación y modificación), se toparon en cambio con otro gen de características fascinantes; el gen S-E- X/ N-I-O 192837465.3, que se encuentra en el cromosoma P.R.I; el gen, nunca antes detectado en ninguna otra parte del planeta tierra, al parecer determina que los mexicanos y las mexicanas, los chiquillos y las chiquillas, experimentemos el tiempo no en términos de días, meses, años siglos ó milenios, sino en sexenios. Luego de las pruebas de rigor, los científicos pudieron comprobar que:
1) Dicho gen sexenal se encuentra en la misma cadena en que se localizan los genes de la esperanza, el optimismo, la credulidad, la pendejez y el gusto por las telenovelas y la música grupera.
2) Este gen solo se encuentra en aquellos que nacieron y crecieron en una cultura marcadamente sexenal.
3) Y que el gen se localiza, obviamente, en el dedo
4) Y que todos aquellos que lo posean serán incapaces de percibir y experimentar el tiempo en otras dimensiones más o menos amplias que el mencionado lapso de seis años.

Un ejemplo que ilustra perfectamente estos hallazgos científicos es el de los autores de El sexenio se me hizo chiquito. Tres jóvenes caricaturistas de éxito y excelencia (todos nacidos entre los sexenios de Miguel Alemán y Zedillo) han hecho lo que quizás cualquier otro caricaturista en otra parte del mundo haría: hacer monos y libros de monos. Pero, determinados fatalmente por sus genes, ¿sobre qué decidieron dibujar y cómo titularon sus obras? ¿El SIGLO de las luces? ¿Los AÑOS con Laura DÍAZ? ¿Los Díaz y los AÑOS? No, claro que no: el SEXENIO me da risa, el SEXENIO ya no me da risa, el SEXENIO me da pena y, su obra más reciente, el SEXENIO se me hace chiquito. Yo mismo, que no escapo a ese sino maldito, empujado inexorablemente por mi información genética bauticé a mi primer (y casi único) libro El SEXENIO de los miserables.
No importa que Hernández, Helguera y un servidor trabajemos en MILENIO, o que el Fisgón y Helguera trabajen en LA JORNADA (que se refiere a un día), estamos todos entrampados en los sexenios que, curiosamente, parecen no afectar a otra generación de moneros que nunca han titulado ninguno de sus libros con alusión alguna a los sexenios. Rius y Naranjo, moneros en plenitud, fueron sometidos a la prueba de ADN y, más allá de encontrarle a uno un gen que lo obliga a dibujar no menos de 845mil rayitas en cada cartón, y al otro un gen que lo empuja a publicar no menos de ocho libros por año, parecen estar libres del fatídico S-E- X/ N-I-O 192837465.3. ¿Por qué? Aún no lo sabemos, pero la ciencia no tardará en explicárnoslo.

En los tres libros anteriores, y en este nuevo libro, Rafa Baraja, Toño y Pepitor, también conocidos como El Fisgón, Helguera y Hernández, retratan y analizan de manera contundente y despiadada la trágica historia moderna de nuestra sufrida nación, que a diferencia del México antiguo que se destruía y nacía con el fuego nuevo en ciclos de 52 años, hoy se destruye y se vuelve a destruir cada seis años, sin acabar de nacer nunca (a pesar de que constantemente estamos pariendo chayotes). Hoy, hoy, hoy, presentamos este libro que les resume a todos ustedes la larga historia de un sexenio que nada más duró tres años, y que nos ofreció un cambio que finalmente no llegó ni a morralla. Y como la historia no se ha acabado ni el gen tampoco, nuestros tres amigos están condenados a seguir produciendo una interminable cadena de libros del SEXENIO, para los cuales sugerimos los siguientes títulos:

Si gana Andrés Manuel
El segundo piso del sexenio

Cuando gane Cuauhtémoc
Si ganara a la cuarta, postulado por el PT: O sexeniño de Cuauthemiño da Silva.
Si ganara con la ayuda de su cuate Bartlett: Se me cayó el sexenio.

Si gana Madrazo
El sexenio visto desde el exilio.

Si ganara Martita
El sexenio visto desde el auto exilio.

Si ganara Castañeda
Un sexenio de a mentiras.

Si ganara Diego Fernández
La puntita diamante del sexenio, nada más.

Si ganara Slim
Cómo hacerse billonario en un sexenio.

Si ganara Elba Esther Gordillo
El sexenio me la restira.

Si gana Santiago Creel.
Que güeva de sexenio.

Si ganara Aguilar Zinser
No es lo mismo el patio trasero del sexenio que el sexenio te pateó atrás.

patricio@milenio.com