| En el país de NO pasa nada: una maravillosa
historia del cambio Hace ya más de diez años mi esposa y yo adquirimos nuestra primera casa. En aquellos ayeres habíamos sido rescatados de la inanición por una pareja de queridos amigos que nos invitaron a trabajar con ellos en su laboratorio fotográfico, y como parte de nuestras prestaciones laborales contábamos con INFONAVIT. Pues ahí tienen ustedes que obtuvimos nuestro crédito (with a little help from my friends) y con gran ilusión, unos cuantos meses más tarde, pasamos a ocupar nuestra humilde morada en la Unidad Habitacional de Lomas Verdes, primera sección, de Xalapa, Veracruz. La casa era (y sigue siendo) bonita y cómoda, y la colonia estaba bastante bien hasta que los errores de diciembre se interpusieron en el camino de la nación (las tres cuartas partes de las casas quedaron abandonadas por falta de valientes que solicitaran un crédito para vivienda). Además de eso, gracias a los misterios de la burocracia, aunque la colonia está dentro de Xalapa, todos los que ahí habitan votan en este municipio y pagan sus prediales también en este municipio, la unidad no está municipalizada, razón por la cuál carece de muchos servicios básicos, no tiene mantenimiento y las calles parecen haber sido victimas de los bombardeos norteamericanos en Irak. Bueno, el caso es que con el paso de los años Aída (mi media naranja) y yo pasamos a mejor vida, o lo que es lo mismo construimos una casa y nos mudamos a vivir al campo lejos del mundanal ruido; una vez remodelada la casa de Lomas Verdes se la dejamos a mi suegra (que también pasó a mejor vida, pues vivía en el DF), y aquí es donde empieza la verdadera y conmovedora historia del INFONAVIT y el gobierno del cambio. Para ser justos, el enredo del INFONAVIT ha sido cuento de nunca acabar; como es un área del gobierno federal que no es prioritaria, el gobernante en turno siempre le da esa chamba a alguien que no está en su mejor momento político, no le queda de otra y/o aspira a algo mejor, y que no dura mucho en el cargo. Eso sí, cada nuevo director inventa el hilo negro y el agua tibia, y por eso cada uno o dos años todo lo relacionado con la forma de pago y la tramitología cambia completamente a capricho del nuevo encargado del changarro. Como cada año, en el 2004 mi esposa pagó todas las mensualidades por anticipado, para olvidarnos de ese asunto y poder ocupar nuestro tiempo en cosas más productivas que visitar las oficinas del INFONAVIT cada treinta días, pero no sabíamos que ellos tenían otros planes para nosotros. Al principio, discretamente, una o dos veces por mes alguien llamaba a la casa de mi suegra para invitarnos a cubrir nuestros pagos atrasados, a lo que invariablemente se les respondía que ya se habían cubierto todos los pagos del año. Sin importar la aclaración, las mismas personas volvían a llamar, cada vez con más frecuencia para advertir sobre las desventajas de continuar siendo clientes morosos y no cubrir las deudas a tiempo; una y otra vez se les respondió que no había tales adeudos, y que no solo no había letras vencidas, sino que el año entero ya había sido cubierto, pero de nada sirvieron las aclaraciones y las llamadas telefónicas, cada vez más frecuentes y ahora acompañadas por cartas en tonos cada vez más firmes, se volvieron algo rutinario. Finalmente, terminó el año 2004, mi esposa salió de viaje de estudios y yo quedé encargado de ir al INFONAVIT para recoger el talonario y pagar, por adelantado, las doce mensualidades del 2005 para evitarnos molestias (¡!). A mediados de enero asistí a la oficina correspondiente, en donde fui testigo de varias cosas interesantes y dignas de ser contadas; mientras esperaba, varias personas trataron de realizar algunos trámites y todos recibieron la misma respuesta: que su trámite ya no se hacía en esa oficina, sino a través del práctico servicio telefónico INFONATEL, contestando ellos a su vez que en el práctico servicio INFONATEL nadie contestaba jamás. La amable señorita los invitó a que, desde los teléfonos que se encontraban frente al mostrador, llamaran al práctico servicio (luego de hacer la larga cola de usuarios que sin éxito intentaban la comunicación) y que si no lograban comunicarse, les dijeran para que ellas los comunicaran directamente. Yo solo tuve que esperar unos cuarenta minutos para que me informaran que, gracias a los cambios y mejoras en el servicio, ya no se iba a pagar por medio de talonarios sino directamente en los bancos, y que me iban a dar unas claves para ello; después de otro rato de espera, en el cuál pude comprobar que el práctico servicio telefónico no es tan práctico, me entregaron las claves de los tres primeros meses del año, pero me advirtieron que sólo podía pagar las mensualidades los dos últimos días de cada mes (no fuera a ser que se me ocurriera ir a pagar ese mismo día y perdiera la oportunidad de desperdiciar otra mañana de mi vida)y satisfecho por el éxito y las claves obtenidas, me retiré a mi morada a dibujar mis monigotes. Debo aclarar que, aunque el año apenas comenzaba, los eficientes cobradores de la empresa SERTEC (Servicios Técnicos de Cobranza S.A de C.V), mismos que nos habían acribillado a llamadas telefónicas el año anterior, habían continuado haciéndolo en el que apenas comenzaba, y unos pocos días después de mi visita al INFONAVIT llamaron a mi suegra para darle un ultimátum. Ella, intimidada y quizás sospechando, ante la insistencia, que su hija y yerno hubieran usado el dinero para otra cosa, optó por echarme la bolita y darles mi teléfono, así que cuando llegué al hogar encontré en mi contestadota un mensaje en el que se me urgía a comunicarme con el Lic. Jaime López Fuentes; el Lic. López no estaba, y fue a la señorita Miriam Zárate a quien le expliqué por enésima primera ocasión la situación; acordamos que ellos ya no me llamarían para cobrarme el inexitente adeudo, a cambio de que yo les llamara el día que realizara mis pagos para que ellos lo registraran en su sistema. El anhelado día último del mes llegó, y yo acudí a la sucursal bancaria para, lleno de júbilo, abonar los tres primeros pagos del año (no me dieron opción de más), y así lo hice; sin embargo (grave error) por las ocupaciones propias de la vida moderna, olvidé honrar mi palabra, cumplir con mi compromiso y llamar al Lic. Jaime López vía la señorita Miriram Zárate, y lo inevitable sucedió: primero llegó la cartita, y después mi suegra recibió una llamada de reproche por parte de la señorita Zárate, en la que se le informó que si bien ellos, los cobradores, habían cumplido su parte del trato, yo no había hecho lo mismo. Mi suegra le informó a su interlocutora que el pago ya había sido hecho y que se habían adelantado letras; la señorita Zárate le aclaró que eso era imposible, puesto que el sistema no permitía adelantar pagos, y que yo debería comunicarme de inmediato para aclarar la situación. Armado de paciencia y acicateado por la curiosidad, llamé al 018008496017, y con toda seguridad Miriam Zárate me recordó que el día 26 de enero a las 15:27 horas (como se los cuento) habíamos acordado que yo le llamaría para reportar la fecha en que el pago había sido realizado. Me dijo que el pago, efectivamente había sido registrado por el sistema, pero que la llamada telefónica informando de la FECHA nunca había sido recibida, y que por esa razón no podían dejar de llamarme y cobrarme. En ese punto, enternecido, le agradecí por toda la situación; primero, porque un humorista encuentra en ese tipo de enredos una fuente de diversión inagotable, y segundo porque para entonces sabía que mi colaboración sabatina para el pescado original estaba resuelta. Le dije que me parecía sorprendente el sofisticado sistema con el que cuentan, que les permite por una parte registrar con toda precisión la hora y el contenido de nuestra úlitma llamada telefónica, mientras que por otra no puede consignar la fecha de una transacción bancaria que sí registra como realizada. El misterio no me fue aclarado, pero presiento que esta historia aún no termina, así que aún tengo esperanzas de llegar a comprenderlo en el futuro. |