| Homenaje a Paul Auster: catálogo de coincidencias asombrosas. Como un pequeño y humilde homenaje a uno de mis escritores favoritos, compartiré con ustedes algunas historias increíbles que les han sucedido a amigas y amigos muy cercanos. Todas ellas son absolutamente ciertas y verificables. Primera. El padre de Lilia Luz , Agapito Vargas, originario de Ahuazotepec, pequeño poblado de la sierra norte de Puebla cercano a Zacatlán, vivía en la colonia Narvarte de la ciudad de México. Desde Ahuazotepec, X, decidió visitarlo en la gran ciudad, para consultarlo sobre asuntos del pueblo, pues Agapito Vargas, Ingeniero Agrónomo de profesión, había sido siempre uno de los principales promotores del desarrollo de su pueblo natal. X llega a la terminal de ferrocarriles de Buena Vista, en su primera visita a la capital de la república, con tan solo el nombre de su amigo y coterráneo apuntado en un papel. Camina sobre la avenida insurgentes, hacia el sur, buscando alguna señal que le indique el paradero de su conocido, sin ningún éxito. Ya cansado, decide preguntarle a la primera persona que pasa sobre Agapito Vargas. El interpelado responde: “sí, lo conozco. Soy su primo, y justo ahora me dirigía a verlo. Vamos.” Segunda. A finales de los años setenta, Sara, muy jovencita, pasó un tiempo en Europa estudiando. Para diciembre, sus intenciones eran venir a visitar a su familia, pero no lo hizo por los altos precios de los boletos y el poco tiempo que podía permanecer en México. Una amiga de la escuela, J, la invitó a pasar las vacaciones de navidad y año nuevo en Turquía con su familia. Estuvo con ellos un mes, recorriendo el país en automóvil, y cuando llegó al sur, permaneció en la ciudad de Izmir, cerca del mar Egeo, de donde su amiga y la familia eran originarias. Sara y J, tuvieron tiempo de pasear por la ciudad y juntas visitaron la escuela inglesa donde J había estudiado. Al final del recorrido, J, telefoneó a otra amiga suya, antigua compañera de clases, quien deseaba conocer a Sara. La amiga de J se llamaba Ildish, que en turco quiere decir estrella. La llamada telefónica fue en turco, por lo que Sara no entendió lo que ambas amigas hablaron, pero al terminar J le informó que Ildish no podría acompañarlas a tomar el café porque tenía algunas ocupaciones con su mamá. J y Sara, entonces, continuaron paseando, y luego de unos días se trasladaron a un hotel en la playa junto con la familia. Al cumplirse un mes de vacaciones regresaron a Europa a continuar sus estudios. Y después de un año y medio, Sara regresó a México. Tres o cuatro años más tarde, unas amistades de los padres de Sara que tenían una hija de su misma edad, T, la invitaron a viajar con ellos a Hawai. Juntos hicieron un recorrido por Los Ángeles y otras ciudades de California, hasta finalmente llegar a Hawai. Visitaron varias islas, y en la última parte del viaje, dudaron visitar una isla muy pequeña, que era una de las últimas islas abiertas al turismo. Decidieron hacerlo, y ahí pasaron varios días nadando y tratando de aprender a surfear. Una de esas tardes, los salvavidas sonaron sus silbatos y colocaron las banderas rojas porque la marea estaba muy fuerte, por lo que las dos amigas salieron del mar y se fueron nadar al hotel. Sara y su amiga se metieron a la alberca, en donde una pareja de norteamericanos sostenía una animada conversación con una muchacha que, pudo escuchar, era de Turquía. Eso llamó la atención de Sara, quien se unió al grupo y le dijo a la chica turca que había conocido su país y le había gustado mucho. Ella le preguntó si había conocido Estambul, a lo que Sara respondió afirmativamente, añadiendo que también había hecho un recorrido por el sur. La joven turca comentó que ella era de Izmir, y Sara le contó que era en esa ciudad donde había pasado la mayor parte de su tiempo en Turquía porque las personas con las que iba eran de ahí, y que no se había quedado en ningún hotel, sino en un departamento que estaba muy cerca de la plaza principal y del mar, hogar de la familia Inger. Muy sorprendida, la jóven le preguntó a Sara cuántos años hacía que había ocurrido esa visita. “ Tres o cuatro”, respondió. “¿ Cómo se llama tu amiga?”, preguntó finalmente la jóven turca. “J”, contestó Sara. “¡No puede ser. Yo soy Ildis, la amiga de J que no las pudo acompañar aquella tarde a tomar el café!” Tercera. G es una de las mejores amigas de mi esposa y mía. Su linda hija, de diez años de edad es alta, rubia, de ojos claros y muy delgada. Se llama Altaír, que es el nombre de una de las estrellas de la constelación de Aquila. Luego de pasar por varias escuelas en la ciudad de Xalapa, finalmente ingresó en una primaria nueva llamada Nuestro Mundo. Ahí conoció a otra niña, unos dos años más jóven que ella, también rubia, de ojos claros y casi tan delgada, aunque no tan alta como Altaír. Se parecen tanto, que muchas personas en la escuela piensan que son hermanas. La otra niña se llama Deneb, que es el nombre de otra estrella que también está en la constelación de Aquila. Cuatro. Efrén es un buen y querido amigo. Hace varios años, unos primos de Efrén que viven en el DF, vinieron a Coatepec porque su abuela había muerto. Era una visita rara por poco frecuente, especialmente la de uno de los primos, G, a quien Efrén había visto tan solo unas dos o tres veces en esa pequeña ciudad veracruzana, tierra de su familia. Al regresar del cementerio, luego del entierro de la abuela, Efrén se percató de que había llegado el correo, y cuando levantó las cartas, vio que le había escrito J, un amigo suyo originario del Puerto de Veracruz, que por entonces vivía en Wisconsin, Estados Unidos. Como sus primos estaban sentados, esperando que transcurriera el día, Efrén les mostró la carta de J, sosteniéndola frente a ellos para que la vieran, y resaltando el hecho de que ambos siempre se escribían en hojas reutilizadas para ahorrar papel y contribuir al cuidado del medio ambiente. Su prima S, que tiene mejor vista que G, reconoció en el reverso de la carta, que estaba cruzado con una línea que indicaba la inutilización de esa cara de la hoja, algo que llamó su atención; era la firma de alguien que conocían. S le pidió a Efrén la hoja y la leyó. En la carta, un tal F le comentaba a J, el amigo de Efrén que vivía en Wisconsin, algunos asuntos relacionados con ciertos problemas de política interna de la asociación de scouts del estado de México, de la cual, G, el primo de Efrén que estaba de visita en Coatepec, era dirigente. F le contaba a J de los problemas que tenía con G, al cual estaba planeando golpear políticamente en la siguiente asamblea general que tendría lugar, comentaba, un par de meses más tarde. G, primo de Efrén, se enteró del plan gracias a esa carta que había sido escrita en el DF por F, enviada a Estados Unidos y recibida por J, quien la recicló y envió de vuelta a México, ahora a Coatepec, a casa de su amigo Efrén, a donde llegó tres o cuatro días antes de que se realizara la asamblea de la organización lidereada por G, quien se encontraba ahí de visita por segunda o tercera vez en su vida. Si quiere usted participar en este catálogo de coincidencias y hechos asombrosos, por favor escríbanme a patricio@milenio.com |