Orgasmo ya, promesas para todas

 

Luego del espectáculo brindado por los precandidatos panistas la noche del jueves, que literalmente me provocó sueños húmedos (me quedé tan dormido y derramé tanta baba en el sofá que bien podría haber muerto ahogado); después de  pasar por la tormentosa experiencia de ver sendas entrevistas a Roberto Madrazo y a Arturo Montiel (por cierto, televisoras, urge que a Montiel le pongan subtítulos como en su momento hacían con Fidel Velásquez porque de plano no se le entiende), y después de asistir a un mítin del candidato de la esperanza (el otrora señor López) en el que le escuché por enésima vez el mismo caset que reproduce desde que era candidato a presidir el partido del sol azteca, he llegado a la conclusión de que, hoy como nunca antes, urge que la imaginación llegue al poder, o cuando menos a quienes aspiran a tenerlo. A nadie entusiasman ya los mismos rollos y las mismas promesas de siempre (combatiremos la pobreza generando más y mejores empleos, invertiremos en educación para que las chiquillas y los chiquillos… etc) y dudo que ninguno de los candidatos se allegue algunos votos prometiendo drenaje y alcantarillado;  sin embargo, hay otro tipo de problemas que están ahí, que requieren soluciones urgentes, de los que nadie se ocupa y que, para aquél que los rescate del anonimato y los explote adecuadamente, podrían significar una ventan de oportunidad (para utilizar el lenguaje empresarial de nuestros tiempos) incomparable. Reproduzco algunos fragmentos de un artículo publicado en este diario:

 

Millones de mexicanas no conocen el orgasmo

 

En México, hasta 80 por ciento de las mujeres que viven en el ámbito rural son incapaces de experimentar un orgasmo, mientras que en la ciudad la proporción puede ser de hasta 40 por ciento. Esto significa que millones de mexicanas llevan una vida sexual activa que no comprende satisfacción o placer.
Las cifras las revela Vivianne Hiriart, psicóloga y especialista en sexualidad, quien agrega que la anorgasmia femenina, es decir, la incapacidad de experimentar el orgasmo, es reconocida por el Instituto Mexicano de Sexología como una de las disfunciones sexuales más comunes.
Aunque en América Latina el dominio masculino sobre las mujeres no es tan severo como en el mundo islámico, por ejemplo, sí existe un dominio cultural que se traduce en mecanismos de represión de efectos impactantes: las mujeres se encierran en sí mismas, reprimen su sexualidad y tienen por ello una vida incompleta. La mejor prueba es, en el caso mexicano, lo que reveló la Encuesta Nacional de Sexualidad realizada por Consulta Mitofsky: sólo 2.6 por ciento de las mujeres relacionan las palabras “sexo” y “satisfacción”; sólo 1.9 por ciento asocia “sexo” y “felicidad”. No es raro entonces que un alto porcentaje de ellas padezca la condición llamada anorgasmia femenina.
Según Hiriart, históricamente sólo se ha puesto atención a la satisfacción sexual del hombre, para asegurar la reproducción. Como el orgasmo femenino es innecesario para la concepción, es ignorado. Y como los hombres en general piensan que la sexualidad femenina debe ser recatada y pasiva, el resultado ha sido una disfunción muy común y escasamente conocida.

Antonieta García, terapeuta de la organización Caleidoscopía, agrega que además las mujeres socialmente aprenden a poner primero a la familia, el trabajo, la escuela, los hijos… “Cuando tienes un espacio es para comer, dormir o bañarte. Lo que menos se nos ocurre es dar tiempo a la salud y a la sexualidad”.

Con la sexualidad subordinada y sin tiempo para pensar en sí mismas, no es extraño que muchas mujeres lleven una vida erótica disfuncional, con el deseo inhibido, incapaces de alcanzar el clímax, anorgásmicas. Pero a esto se suma el desconocimiento del propio cuerpo, la pena. Pocas mujeres cuentan sus disfunciones sexuales; ni su ginecólogo las conoce.

 

¿Viagra para mujeres? La ruta es larga
La lógica es sencilla: si las empresas farmacéuticas ganan cada año dos mil 500 millones de dólares vendiendo Viagra, Cialis y Levitra para que ellos puedan disfrutar mejores relaciones sexuales, y si se considera que hay muchas más mujeres que hombres con disfunciones sexuales, parece de lo más razonable (y rentable) buscar un producto para ese mercado, un Viagra para mujeres. Pero la búsqueda de este Grial ha fracasado. En 2004 Pfizer abandonó ocho años de un estudio con Viagra entre tres mil mujeres. ¿La causa? Beverly Whipple, investigadora del sexo, lo dice con franqueza: “Odio decirlo, pero las mujeres son mucho más complejas que los hombres”.
Al parecer, la cuestión es que los auxiliares varoniles funcionan a un nivel físico; para las mujeres, los estudios sugieren que se necesita una solución que opere a nivel mental: para ellas son cruciales factores como el estado de ánimo y la autoestima.
Pero en general los científicos piensan que los estudios sobre sexo basados en imágenes funcionales del cerebro están en pañales, así que pasarán años antes de que pueda pensarse en diagnosticar mejor las disfunciones sexuales, y por supuesto falta aún más para que haya fármacos capaces de atacar estas disfunciones.

 

Este nicho de mercado electoral, bien trabajado, podría producir un caudal de votos capaz de llevar a la presidencia al candidato más pedestre, y darle una holgada mayoría en el congreso al partido político más desprestigiado; y para conseguirlo, todo lo que se requeriría es a un Santiago, a un Felipe, a cualquiera de los Cárdenas, al Peje, a Arturo, a Roberto, al güero Castañeda o al doctor Simi, enfundados en un ceñido traje de charro, con su pistola al cinto y su caballo al lado, mirando a la cámara y diciendo:  

 

Señoras y señoritas, me comprometo a que este problema queda solucionado en menos de quince minutos. Primero que nada, elevaremos a rango constitucional el derecho al orgasmo, y crearemos la Comisión Nacional de los Derechos Sexuales, así como la Fiscalía Especial para la Investigación de los Delitos de Incumplimiento Conyugal. Toda mujer en edad de merecer tendrá el derecho de satisfacer sus bajas pasiones, y el hombre que ella decida, o la mujer, que para el caso somos de amplio criterio, tendrá la obligación de satisfacerla a cabalidad.

Además, destinaremos el ocho por ciento del Producto Interno Bruto y el total de los excedente petroleros a la investigación científica del problema, dotando a la UNAM y al politécnico de todos los recursos necesarios para que inventen a la brevedad posible el fármaco llamado Viagra femenino, invento gracias al cuál el país entero, y no solamente las mujeres, se hará rico. Y, sin importar la opinión del arzobispo primado y del mismísimo Papa, la incluiremos en la lista de medicamentos del seguro Social, en paquete con la píldora del día después.

Y ultimadamente, si ninguna de las medidas anteriores diera los resultados esperados, acá está su mero charro negro para hacerles justicia, mis reinas chulas. Faltaba más, faltaba menos.