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México, república bananera en plenitud.
En dos semanas de un conflicto poselectoral que cada vez se torna más complejo, todos los en él involucrados han tenido tiempo para enseñar el cobre de la manera más pedestre, y los mexicanos hemos podido comprobar que nuestro país ha dejado de ser una república bananera emergente, para convertirse, por mérito propio, en una república bananera en plenitud. Hemos dejado atrás las épocas de los conflictos poselectorales, para entrar de lleno en una época de conflicto electoral permanente; hemos dejado atrás las temidas crisis de fin de sexenio, para estacionarnos en una crisis transexenal perfectamente estable. Muchos han dicho que después de las elecciones acabamos en el peor de los escenarios y yo creo que tienen razón: ¿alguien, a estas alturas, cree que si el Tribunal declara vencedor a Felipe Calderón, Andrés Manuel y sus seguidores se retirarán a sus posiciones y dialogarán y concertarán con quien ellos consideran un usurpador, representante de un gobierno ilegítimo?; ¿O qué tal que el Tribunal sí ordena el recuento de los votos y al final resulta que el ganador es López Obrador? Ya quiero ver a los panistas, hoy tan modositos, la mano extendida y llena la boca de estado de derecho, injertados en pantera reclamando las cabezas de los magistrados y en pie de guerra contra todo aquello que sea de color amarillo. Y si a la hora de calificar la elección el Tribunal comprobara que sí hubo mano negra, que se manipularon los conteos, que sí hubo embarazo de urnas generalizado y que sí hubo complot entre el gobierno federal, la Gordillo, los gobernadores y el IFE para hacer ganar a Calderón y aguantar vara (como propuso el gober de Tamaulipas); si eso se llegara a demostrar, no solo ardería Troya, sino que como en el juego de serpientes y escaleras, de un plumazo regresaríamos al jurásico tardío y tendríamos que empezar de cero nuestra eterna transición a la democracia. Si bien todo lo que Vicente Fox trató de hacer durante su sexenio estuvo manejado con infalible torpeza e impecable incapacidad y estuvo marcado por el sino del infortunio, Felipe Calderón, en su carácter de aspirante a ganador, lo ha superado ya. Fox cuando menos se esperó a ser presidente para echar a perder su sexenio, dinamitar, uno tras otro, cualquier posible acuerdo con las demás fuerzas políticas y pulverizar su relación con el congreso. Felipe Calderón, en cambio, logró todo eso desde la campaña, garantizándose y garantizándonos de paso seis años más de PAN con lo mismo. Pero esto que puede parece trágico, es en realidad una situación favorable, pues ya nadie tendrá que perder el tiempo haciéndose las ilusiones y todos los que, por una o por otra razón, no quieran disfrutar de otro sexenio de pasmoso inmovilismo, pueden ir haciendo sus maletas y tomando la ruta hacia la frontera. López Obrador, por su parte, se está jugando el todo por el todo como si el mañana no existiera, con poca fortuna en sus presentaciones públicas para documentar el alegado fraude y cayendo en excesos penosos, como el de acusar a sus propios representantes de casilla de haberse vendido al enemigo. Con sus desatinos y descuidos ha dotado de municiones al creciente número de medios de comunicación que se han erigido en tribunal calificador de la elección, y que han dictado ya sentencia condenatoria en su contra por traición a la patria y renegación consuetudinaria en primer grado. Por otro lado, Andrés Manuel cometió el error (que ya se va convirtiendo costumbre, por cierto) de rodearse de gente incapaz y protagónica, que en vez de ayudarlo a lograr sus objetivos y a defender su causa, lo desprestigian. ¿A quién se le ocurre poner de coordinador de campaña a Jesús Ortega, quien además de ser incapaz de engranar dos palabras juntas de forma coherente, es experto en perder elecciones y negociar, una vez derrotado, prebendas, canonjías y huesos? ¿A quién en su sano juicio se le ocurre poner de vocero a Fernández Noroña? Cómo estará de pobre la caballada coalicionista, que la mejor defensa de la causa del tabasqueño y el mejor alegato contra el fraude electoral lo hizo, en el programa de Pepe Cárdenas... ¡Manuel Bartlett!? Si, con todo en contra, López Obrador se saliera con la suya, obtuviera el recuento voto por voto, ganara la elección y fuera el próximo presidente del país, los panistas, los dueños de los medios masivos y los dueños del consejo coordinador empresarial darían rienda suelta al pequeño Pinochet que todos ellos llevan dentro (interpretado por el ideólogo de televisa, Carlitos Espejel) y que tan mal han tratado de disimular y contener. El Consejo General del Instituto Federal Electoral, que en tan solo unos meses logró dilapidar el enorme capital que heredó del anterior consejo, falló penosamente en su misión de dotar de certidumbre a los comicios y al paso de los días ha conseguido, con sus numerosas inconsistencias, hacernos más y más bolas. Toca ahora el turno al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación calificar la elección, realizar el cómputo definitivo y declarar ganador. Que el señor (ese que en su omnipotencia hizo callar a Fox por dos días) los ilumine y a nosotros nos coja confesados. Mientras, seguiremos comiendo bananas....
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